Cuentos Completos (Volumen 2) by Philip K. Dick

Cuentos Completos (Volumen 2) by Philip K. Dick

Author:Philip K. Dick
Language: es
Format: mobi
Published: 2009-04-14T23:00:00+00:00


El eco de los murmullos resonaba en el enorme salón del Directorio. Los hombres se aprestaban a ocupar su asiento para preparar los temas de la sesión.

Eldon von Stern, líder del Directorio, se había aislado con Hull detrás del estrado.

—Aclaremos esto —dijo von Stern con nerviosismo, pasándose los dedos por el cabello gris acero—. ¿Pretendes defender tú en persona tu proyecto de ley?

—Exacto —asintió Hull—. ¿Por qué no?

—Las máquinas analizadoras pueden desglosar el proyecto y presentar un informe imparcial a los miembros del Directorio. La demagogia ha pasado de moda. Si largas una perorata sentimental, ten por seguro que perderás. Los miembros no...

—Correré el riesgo. Es algo demasiado importante para confiarlo a las máquinas.

Hull echó un vistazo a la inmensa sala, que poco a poco iba recobrando la calma. Representantes de todo el mundo habían ocupado sus puestos. Propietarios de fortunas vestidos de blanco. Magnates de la industria y las finanzas ataviados de azul. Líderes de fábricas cooperativas y granjas públicas, con camisa roja. Hombres y mujeres vestidos de verde que representaban a los consumidores de clase media. Los miembros de su propio grupo, que se distinguían por el traje a rayas grises: médicos, abogados, científicos, educadores, intelectuales y profesionales de todos los campos.

—Correré el riesgo —repitió Hull—. Quiero que el proyecto sea aprobado. Ya era hora de hablar con claridad.

Von Stern se encogió de hombros.

—Como quieras. —Miró a Hull con curiosidad—. ¿Qué tienes contra Mundomanía? Es una empresa demasiado poderosa para oponerle resistencia. Packman en persona ha venido. Me sorprende que tu...

El presidente robot emitió una señal luminosa. Von Stern se alejó de Hull y subió al estrado.

—¿Estás seguro que quieres defender el proyecto? —preguntó Julia, que se hallaba al lado de Hull, oculta por las sombras—. Tal vez Stern tenga razón. Deja que las máquinas analicen el proyecto.

Hull escudriñaba el mar de caras, intentando localizar a Packman. El propietario de Mundomanía estaba sentado en algún sitio. Forrest Packman, con su inmaculada camisa blanca, como un ángel anciano y marchito. Packman prefería sentarse con el grupo de los propietarios, puesto que no consideraba a Mundomanía una industria, sino una propiedad inmueble. La propiedad todavía poseía un cierto prestigio.

Von Stern tocó el brazo de Hull.

—Adelante. Siéntese en la silla y explique su propuesta.

Hull subió al estrado y tomó asiento en la gran silla de mármol. Las interminables filas de caras que tenía frente a él estaban desprovistas de toda expresión.

—Ya han leído los términos de la propuesta que voy a defender —empezó Hull. Los altavoces situados en la mesa de cada miembro amplificaban su voz—. Propongo que declaremos a Industrias Mundomanía una amenaza pública, y sus bienes inmuebles, propiedad del Estado. Expondré mis motivos de una manera sucinta.

»Ya conocen la teoría y construcción del producto llamado Mundomanía, el universo subatómico. Existe un número infinito de mundos subatómicos, duplicados microscópicos de nuestras coordenadas espaciales. Mundomanía desarrolló hace casi un siglo un método de controlar, hasta treinta decimales, las fuerzas y tensiones implicadas en estos planos microcoordinados, y una máquina muy simplificada que podía ser manipulada por una persona adulta.



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